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  22 de Octubre de 2009

El mundo de Cathy McGowan (I) ('Rave', 64)

La gente dice que tuve suerte al entrar en Ready, Steady, Go! De acuerdo, es verdad. Pero no todo ha sido cuestión de suerte. Trabajar en el mundillo de los artistas era mi objetivo desde que dejé el colegio. Hice planes para lograrlo, me esforcé. Y al final lo he conseguido por mi misma, sin usar las influencias de nadie.

Cathy McGowan y Arnold Schwartzman en 1964Mi familia es de lo más normal, y lo mismo digo de mí. Soy una chica como las demás. Lo que me ha pasado a mí, bien pudiera haberle sucedido a cualquier otra. Yo era secretaria en una revista y sentía la necesidad de escribir. Era algo tan fuerte que muy pronto me dediqué a ello en mi tiempo libre. Vendí unos pocos artículos, aquí y allí. Estaba tan orgullosa de los cheques que recibí que casi los enmarqué, en vez de ir al banco a cobrarlos. De todas maneras, no dedicaba todo mi ocio a escribir. ¡Mi otra gran afición eran los Stones! Pero no nos adelantemos.

Yo me considero una fan más de la música pop, tan alocada como las demás. Por ejemplo, me volví loca por Cliff Richard desde que vi sus fotos y escuché sus discos. Tenía fotografías suyas por toda mi habitación. Imaginad mi excitación cuando supe que iba a cantar en un teatro de Croydon que estaba cerca de casa. Hice cola durante horas para comprar una entrada. Grité durante toda la actuación. Cuando acabó, esperé una hora bajo la lluvia a que Cliff saliese por la puerta trasera. Sí, salió y me dio su autógrafo. Lo había visto y había hablado con él. Caminé hasta mi casa como en una nube, tan estupefacta que apenas notaba que llovía a jarros...

Volvamos con los Stones. Muy poco después de empezar a trabajar, me encontré con unos compañeros del colegio. Me dijeron que tenía que ir con ellos a Richmond el siguiente domingo por la noche, para ver al mejor grupo que pudiera imaginar. Eran The Rolling Stones, fantásticos, maravillosos. Lo primero que te llamaba la atención era su música tan salvaje; lo segundo era que se trataba de personas muy sencillas. La primera vez que los vi no había mucha gente. Pero sabía que eso iba a cambiar. Volvimos a Richmond cada domingo. Cada vez tenían más y más público.

Poco después, los Stones empezaron a actuar cada lunes por la noche en el club Studio 51, en el West End de Londres. Mis amigos y yo también acudimos allí cada semana. Para todos nosotros, The Rolling Stones eran nuestro grupo. Yo llegué a conocerlos en persona y a charlar con ellos. Fue el comienzo de una larga amistad. No comentábamos nada sobre los Stones con otra gente, porque no queríamos que se enterasen y el club se llenase. Pero, no hace falta decirlo, el grupo empezó a ser cada vez más conocido y la audiencia casi no cabía en el Studio 51. Había que hacer cola para poder comprar las entradas y para entrar. Fue justo entonces cuando se me presentó la oportunidad de entrar en Ready, Steady, Go! gracias a un anuncio.

Vi el pequeño anuncio en una revista del ramo, publicado en la esquina de una página. Un programa televisivo de música pop buscaba a alguien que hiciera las entrevistas en el estudio. Se lo enseñé a mi madre y me dijo que seguramente era un truco publicitario. Por si acaso no lo era, contesté a la oferta. Poco después, una mañana, cuando mi madre me llevó a la cama mis dos tazas de te (lo hace siempre, antes de las ocho) me entregó una carta que había llegado para mí. Las señas estaban mecanografiadas con mucha pulcritud. Abrí el sobre de inmediato y leí la misiva con rapidez. Con una exclamación de sorpresa, se la di a mi madre. ¡Vaya!

La carta decía que el programa Ready, Steady, Go! me iba a hacer una audición. Lo anuncié en mi trabajo y me dieron la mañana libre, sin problemas. Tenía que estar en Television House, Kingsway, a las diez. A las nueve y media, yo ya estaba allí. Había docenas de chicos y chicas - si no eran cientos - esperando. No estuve delante del comité de selección hasta las doce. Me preguntaron cuáles eran mis músicos favoritos y les hablé de Cliff, de los Stones, de Los Beatles y otros más. Me dieron las gracias y pensé que no había pasado. Me fui a almorzar con unos amigos y luego estuvimos en el Lyceum Ballroom. Tomamos bocadillos y leche y bailamos un rato con los discos que ponían. Después me marché a mi oficina, donde conté que la audición no había ido bien y que, por lo tanto, me quedaba. Pasada una hora, me llamaron por teléfono de Television House para preguntar si podía volver para pasar otra audición. ¡Salí a toda prisa! A las diez de la noche, Elkan Allan me hizo pasar...

Extra Bonus Info: el caballero que aparece junto a Cathy McGowan en la foto que acompaña a este texto es Arnold Schwartzman, el diseñador gráfico, ilustrador y publicista que creó el ya legendario logo de Ready, Steady, Go!, amén de los títulos de crédito y las secuencias de presentación. Schwartzman, que ya había pasado por el Sunday Times, trabajó luego para algunas de las mejores agencias publicitarias e incluso ganó un Oscar con un documental. Todavía está en activo...

Publicado en: Rave, nº 9, octubre de 1964, pags 26 y ss.
Editor: George Newnes Ltd, Tower House, Southampton St, Londres.
Impresor: Hunt, Barnard & Co, Aylesbury, Buckinghamshire.
Copyright: © George Newnes, 1964.

Escrito por Equipo de Pop Thing el 22 de Octubre de 2009 · 07:32 AM

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