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  21 de Octubre de 2009

El mundo de Cathy McGowan (II) ('Rave', 64)

Después de varias horas de preguntas, esperas, ensayos con cámara y entrevistas de prueba, estaba hecha un manojo de nervios. Al final, Elkan Allan, con una sonrisa, me dijo que querían que trabajase con ellos. ¡De poco me desmayo!

Llevaba sólo cinco minutos trabajando en Ready, Steady, Go! cuando conocí a mi primera gran estrella: Brian Poole. Yo estaba sola en la oficina y él entró. La sorpresa fue absoluta. Oí que Brian preguntaba si había alguien y salí de mi estupor al momento. Cuando descubrí quien era, me quedé de piedra. Volví a sentirme nerviosa y avergonzada. Supongo que me puse a hablar sin más, sin saber qué estaba diciendo. A día de hoy, todavía soy incapaz de recordar de qué hablamos.

Mi primer programa fue en noviembre de 1963. Antes de que tuviese que ponerme ante la cámara, yo estaba muy segura de mí misma. Sabía que me iba a tocar presentar a Pat Wayne & The Beachcombers, de Birmingham. Yo llevaba puesto mi nuevo vestido azul de lana, ligeramente ajustado, de cuello floreado y de manga larga. Creía que estaba lista para cualquier cosa. Ni siquiera había apuntado en un papel lo que iba a decir. Cuando la luz roja me indicó que debía empezar a hablar, me quedé muda. De pánico. Después me quedé petrificada. Luego, me equivoqué cuatro o cinco veces en esa corta presentación. Y quiero que conste que me sigue dando un miedo terrible cada vez que veo que esa luz roja se enciende.

Llevaba poco más de una semana de trabajo cuando tuve que ir a Winbledon, a una fiesta que Los Beatles daban para sus seguidoras. ¿Cómo reaccionaríais si los conocieseis? Yo sé bien cómo reaccioné: me quedé sin palabras. Estaba sentada, tomándome una Coca Cola, cuando alguien me saludó. Miré hacia arriba y casi me trago el vaso. ¡Era Paul McCartney! Se sentó a mi lado. A continuación, llegaron los otros tres. John me dijo que tenía un bonito trabajo, George apuntó que no lo había hecho nada mal para ser la primera vez y Ringo aseguró que algún día me tocaría presentarlos a ellos en el programa. ¿Yo, Cathy McGowan? Estaba tan excitada que no me salía ni una palabra. Los Beatles se dieron cuenta de mi estado y se pusieron a hablar sin parar, para que no me sintiese mal. Otra gente conocida se unió a la conversación y el problema pasó. Aunque no me quedó más remedio que tratar de comportarme, creí que les habría parecido una tonta. Sin embargo, Paul me contó después que les había gustado mucho que fuese tan natural; no se lo esperaban.

Cuando el programa contrató a The Rolling Stones, acudí a los ensayos una hora antes de que empezaran. Me senté al lado de la puerta y esperé. Hacía semanas que no hablaba con ellos. Estaba segura de que no se habrían dado cuenta de que la chica que iba a verlos al Club 51 era la misma que ahora trabajaba en Ready, Steady, Go! No tuve que esperar mucho. Llegó Brian Jones, me levanté, me acerqué y le dije que, seguramente no me recordaría, pero que... ¡Pues sí que se acordaba de mí! Llamó a los otros y anunció: "¡Mirad quién está aquí". Por sus caras, pude ver que estaban sorprendidos y también aliviados. "Gracias a Dios que hay alguien aquí a quien conocemos", me comentó Mick. Era una de las primeras veces que los Stones salían en la televisión. Cuando les dije que todavía me ponía nerviosa al entrar en directo, Charlie Watts me contestó: "No te preocupes, seguro que hoy también nos equivocamos nosotros". ¡Los Stones no me habían olvidado!

Siempre había querido conocer a Dave Clark. Cuando trabajaba en la revista, me había hecho amiga de una chica que se llamaba Pat Thomas. Un fin de semana se quedaba en mi casa, para que fuésemos al Streatham Locarno, y la siguiente iba yo a la suya, en Romford, Essex. Un sábado por la noche, fuimos al Tottenham Royal, en el norte de Londres, para ver a The Dave Clark Five. Casi no bailamos, todo lo que queríamos era estar allí, de pie, quietas, escuchando su potente y vibrante sonido. Cuando, ya en Ready, Steady, Go!, me contaron que Dave y el grupo iban a aparecer en el programa, supe exactamente cómo dirigirme a él cuando nos encontrásemos en los ensayos: le entregaría un buen montón de cartas de sus fans. Muchas espectadoras me escriben preguntando si puedo conseguirles un autógrafo o una foto de alguien en concreto. A veces solicitan que entregue personalmente una carta. Yo me empleo muy a fondo para satisfacer todas las peticiones. En el caso de Dave, tenía tantas cartas que darle que las había dejado aparte, en una mesa. Él me lo agradeció, con esa voz suya tan reposada. Dijo que haría que todas fuesen respondidas. Y me preguntó por mi trabajo. Le conté que era estupendo, pero que todavía me aterraba. Dave me sonrió, comprensivo. Seguimos hablando de todo. Menos de él. Es típico de su carácter modesto. Por cierto: cada vez que Dave Clark viene al programa, no sólo tengo que darle las cartas acumuladas. ¡También le entrego montones de baquetas! Las mandan jóvenes entusiastas de la batería de toda Gran Bretaña, para que él se las firme.

Publicado en: Rave, nº 9, octubre de 1964, pags 26 y ss.
Editor: George Newnes Ltd, Tower House, Southampton St, Londres.
Impresor: Hunt, Barnard & Co, Aylesbury, Buckinghamshire.
Copyright: © George Newnes, 1964.

Escrito por Equipo de Pop Thing el 21 de Octubre de 2009 · 07:27 AM

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