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  31 de Enero de 2007

Pop español de los 60: Brincos; intrahistoria (I)

Continúa Manolo González (el bajista y miembro fundador de los míticos Brincos) con la historia de los Cuatro Fabulosos, repleta de información exclusiva y muy poco conocida. Si te has perdido los capítulos anteriores, te sugerimos que empieces por aquí. Si estabas esperando la nueva entrega, aquí la tienes: Manuel relata a Miguel Valpuesta Landa cómo era la vida cotidiana de un Brinco (él mismo) en 1963 y 1964.

Manolo González: "Ya sabéis que antes de Los Brincos teníamos un grupo (Los Blue Shadows) con el que hacíamos rock and roll y sobre todo música de Los Shadows a quienes intentábamos emular descaradamente. Tanto es así que incluso los pequeños fallos de grabación, el sonido del entorchado de un bordón y cosas así, eran fielmente reproducidos y copiados. ¡Viva la personalidad! ¡Cosas de la edad! En nuestro descargo diré que nos hacíamos nuestras propias guitarras (las McJare) y amplificadores ya que la disponibilidad económica era más bien escasa. Y eso sin contar lo mal visto que estaba en el ámbito familiar el dedicarse a la música y no a una de esas honorables carreras que tanto gustaban a nuestros mayores".

"Por lo que respecta a nuestras actividades extra-escolares, supongo que serían muy parecidas a las de cualquier adolescente. Éramos una pandilla, casi todos amigos del colegio cuyas aficiones eran todo lo variadas que podían ser en aquella época. Prácticamente las discotecas, tal y como hoy las conocemos, no existían, así que organizábamos en casa de uno/a u otro/a los típicos guateques de los que supongo tendréis noticia. Por entonces, en plena efervescencia de los bailes coreografiados (tipo twist, madison... etc) todos nos afanábamos en deslumbrar al resto exhibiendo nuestra maestría al manejar a nuestras parejas, en el caso del rock and roll o montarnos el numerito con un paso nuevo. ¡De lo más burgués, como veréis! Hoy lo encuentro ridículo, pero entonces era el no va más".

"Obviamente, otra de nuestras grandes aficiones era la música. No sé si habréis conocido el sistema que empleaban las tiendas de discos en aquellos años. Solían tener pequeñas cabinas insonorizadas, para poder escuchar tranquilamente los discos que previamente habías elegido. Una vez tomada la decisión de cuál o cuáles ibas a adquirir, salías de allí, pagabas y hasta la próxima. Pues bien, nosotros nos metíamos allí dentro con 10 ó 20 discos de los Shadows, Elvis, Paul Anka, Cliff Richard... y nos pasábamos un buen rato hasta que después de disipadas nuestras dudas, nos quedábamos, salíamos a pagar (muchas veces aguantando la mala cara del dependiente de turno por comprar tan sólo uno, de una selección de 12). Pero si en lo económico íbamos faltos, nos sobraba aplomo para aguantar las malas caras".

"También había alguno en la pandilla cuya afición se decantaba por el séptimo arte. Solíamos ir al cine con cierta frecuencia. Yo mismo, tuve una temporada en la que me dió por faltar a clase para meterme en tal o cual sala desde por la mañana hasta bien entrada la tarde. Me compraba un bocadillo de calamares por 3 pesetas y 50 céntimos y me metía en el cine (entonces estaba permitido entrar a la sala con bebidas o cualquier cosa para tomar). Si la película era de mi agrado era capaz de verla dos veces, y eso que solían ser programas dobles, de dos pelis... El resto de mis compañeros me tomaba por chiflado... ¡y probablemente tenían razón...!".

"A otros sin embargo, les dió por el mundo del motor. Emilio de Villota, y otros, podían pasar horas y horas en la calle O'Donnell de Madrid, arreglando coches antiguos que conseguían no sé cómo. Me acuerdo de un coche deportivo, un Amílcar, que Emilio puso a punto y con el que paseaba por toda la ciudad. Alguna vez le acompañe en el paseo. El coche no tenía capota y creo recordar que las ruedas tampoco tenían guardabarros, así que Emilio me entregó una especie de pasamontañas de cuero como los de los aviadores de la Primera Guerra Mundial, y unas gafas del mismo tipo. Parecíamos dos personajes sacados de la película 'Aquellos chalados en sus locos cacharros'. Recuerdo una ocasión en la que el suelo estaba algo embarrado por la lluvia recientemente caída. Cuando por fin regresamos de nuestro periplo, me quité las gafas y la zona de los ojos y cara que anteriormente iba protegida, aparecía ahora limpia y blanca en relación con el resto. Era como estar viendo la imágen de un oso panda en negativo. ¡Un numerazo!".

Escrito por Equipo de Pop Thing el 31 de Enero de 2007 · 03:39 PM

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