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  5 de Octubre de 2005

The Cavern por dentro (parte II)

Desde el punto de vista de hoy en día, un club como The Cavern no hubiese pasado las inspecciones sanitarias y de seguridad, pero en 1957 la legislación inglesa otorgaba poco poder efectivo a los inspectores de Salud Pública, que podían hacer recomendaciones pero no imponer sanciones ni cerrar locales.

The CavernVed otro ejemplo de las carencias de The Cavern en este sentido: el club carecía de salida de emergencia, aunque sobre esto existe cierta discrepancia. Gerry Marsden (de Los Pacemakers) alude a la existencia de una posible segunda puerta de acceso y Paddy Delaney, el legendario portero del local, parece decir que la entrada de Mathew St era en realidad la entrada trasera a The Cavern (aunque se usase como la principal) y que el club tuvo otro acceso, fuese en la propia Mathew Street o en una calleja trasera. Resulta muy lógico que un sotano dedicado al almacenaje tuviese una entrada más holgada que unas estrechas escaleras, pero también es cierto que, siendo el local de construcción muy antigua, es más que factible que algunas de sus características arquitectónicas originales se hubiesen ido alterando con el paso de las décadas.

Al final, fueron las deficiencias sanitarias de The Cavern las que iniciaron el principio del fin. Desde que Ray Mc.Fall compró el club a su propietario en 1959 hasta finales del 65, no hubo problemas de importancia en cuanto al mantenimiento del sótano. Los urinarios eran muy escasos para un público medio de 700 personas por sesión, pero la escasez se compensaba con un generoso uso de desinfectantes. Los grupos profesionales, como Los Beatles o Gerry y Cía, que acudían por las mañanas para montar sus equipos para las sesiones del mediodía, encontraban la atmósfera del club irrespirable, debido a la acción de los productos químicos usados.

El verdadero primer problema serio se detectó en 1965, cuando desde los túneles y locales del tren subterráneo de Liverpool, que pasaba muy por debajo del club, se detectaron goteras de aguas fecales que resultaron provenir de The Cavern. Según se descubrió, el club no contaba con ningún sistema de evacuación de las aguas sépticas al alcantarillado. Los dueños habían dado por supuesto que existía, pero los desagües sobre los que se montaron los urinarios no conectaban con las alcantarillas, porque en el siglo XIX nadie pensó en que eso fuese necesario para un almacén. A donde realmente se conectaban esos desagües era a un enorme pozo ciego del que empezó a filtrarse su contenido hasta el ferrocarril. La reparación de todo costaba más de 3500 libras a Ray Mc.Fall, más de lo que le había supuesto comprar el club, así que se declaró en bancarrota y The Cavern, el club original, el mítico, cerró en febrero de 1966. La mejor época del local, había terminado.

Aunque las deficiencias fueron corregidas y el club se reabrió en julio del 66 con el mismo nombre, ya no era lo mismo. Los nuevos dueños cambiaron ligeramente el aspecto interno del sótano sin alterar su ambiente propio, y durante unos meses todo parecía ser como antes, pero el Mersey Sound estaba muerto como tal, el club fue perdiendo su reputación mundial y poco a poco fue dando paso a otras actividades distintas de la música, como encuentros políticos y artísticos. Todavía rentable, The Cavern acabó sus días víctima del mismo tren subterráneo que había sido su primera amenaza. En 1973, el ferrocarril tenía que ampliarse y uno de sus conductos de extracción del aire debía pasar por el viejo sótano. Era el final.

El 27 de marzo de 1973, las excavadoras demolieron el edificio que estaba encima de The Cavern y sepultaron el club bajo los escombros. Una vez terminadas las obras del ferrocarril, el lugar donde estuvo The Cavern quedó convertido en un aparcamiento. No sería raro que parte de la estructura del sótano (los arranques de los arcos, las bases de los pilares) esté todavía intacta debajo del asfalto y del hormigón, aunque lo único que de forma oficial se salvó fueron 15.000 ladrillos del edificio original (no se sabe con certeza si pertenecieron al sótano en sí o al inmueble de encima) y algunos cientos más para vender a coleccionistas. Durante los años 70, no existía la sensibilidad histórica ni el auge del conservacionismo que vivimos hoy, y eso permitió acabar no sólo con un club de leyenda, sino con toda un área urbana del centro de Liverpool que hubiese merecido mejor suerte. ¡Lástima!

Escrito por Equipo de Pop Thing el 5 de Octubre de 2005 · 10:32 AM

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