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  9 de Mayo de 2005

Especial Frank Borzage (parte II)

Y llegó la hora del cine sonoro en la retrospectiva de Frank Borzage. En realidad, ya se había colado una película sonora entre las mudas que nos ofreció la retrospectiva. Se trató de ‘The River’ (‘Fox Movietone’, 1928), un filme fantasma, casi desconocido (no figura en muchas filmografías de su director), prohibido en su día por su contenido erótico y escasamente difundido. La copia que el Festival pudo mostrar estaba incompleta (y por eso lo que más llamaba la atención era el uso del sonido, del primer sistema de sonido del cine sonoro, desarrollado en exclusiva para la ‘Fox’ por la ‘General Electric’ y recién estrenado en 1927). Por lo demás, la etapa sonora de Frank Borzage puede darse por iniciada en 1929. Entre este año y finales de los años 30, Borzage iba a firmar sus mejores filmes.

‘They Had To See Paris’ (‘Fox Movietone’, 1929) es una divertida historia de nuevos ricos y también la primera película sonora de Will Rogers, el célebre actor cómico que representaba al americano corriente del medio rural, ingenioso y llano. La ‘Fox’ lo contrató y las ganancias que obtuvo con sus películas fueron fabulosas. No fue excepción ‘They Had To See Paris’, que se convirtió en un éxito de taquilla, demostrando que a Borzage se le daban muy bien las comedias. Por su parte, ‘Song Of My Heart’ (‘Fox Movietone’, 1930) supone la vuelta al terreno dramático, esta vez ligado al musical, porque la película es poco más que un vehículo de exhibición para John Mc.Cormack como tenor. Hasta doce canciones llegó a cantar en la versión original de este filme, rodado en 70 milímetros y ambientado en Irlanda, del que al menos seis minutos se han perdido para siempre. La sorpresa es el estreno como actriz de una bella Maureen O’ Sullivan de 19 años, recién descubierta por el propio Borzage en Dublín. Con ‘Liliom’ (‘Fox Film Corporation’, 1930), Borzage parecía querer volver a experimentar, después de los exitos comerciales. Es como si volviese la vista atrás hasta ‘Street Girl’ (1927) y se propusiese hacer algo distinto. La historia es hermosa: un joven ladrón, que roba para mantener a su familia, se suicida al verse acorralado por la policía. Una vez en el Cielo, se le da la oportunidad de volver a la vida terrena si deja pasar diez años. Así lo hace, pero, para su desgracia, comprueba que ya nada es como antes y que su sitio ya no está entre los vivos. Charles Farell y Rose Hobart, recién llegada de los escenarios teatrales, poco pueden hacer para hacer llegar al público un argumento poco adecuado a la época. La ‘SAF’ junto a la ‘Fox Europa’ hicieron un remake de ‘Liliom’ en 1935, con Charles Boyer, dirigida por Fritz Lang durante su breve estancia parisina, antes de embarcarse camino de Estados Unidos.

Con ‘Bad Girl’ (‘Fox Film Corporation, 1931), Frank Borzage termina su casi exclusiva labor para la ‘Fox’. El ideal romántico propio del estilo de Borzage no puede obviar la situación social y económica provocada en los Estados Unidos por la Gran Depresión, de manera que aunque volvemos a tener otra vez un argumento de tierno amor entre una modelo y un futuro tendero, esta vez la escasez y la falta de dinero también aparecen reflejadas. La actriz Sally Eilers (la más guapa del Hollywood de los años 30, según dicen) y el agradable y oscarizado James Dunn (que se estrenaba aquí en películas sonoras) dieron empaque a esta película de Borzage, más pegada a la realidad que de costumbre y merecedora de un Oscar al Mejor Director. Sería el segundo y último que obtuvo el protagonista de esta retrospectiva.

Desde 1931 a 1937, Frank Borzage fue uno de los directores más respetados y solicitados de Hollywood. En cada uno de estos años rodó, por regla general, tres largometrajes (de los que la retrospectiva siempre se ha cuidado de ofrecer al menos uno o dos). Pese a la estabilidad y éxito que la vieja ‘Fox’ le había ofrecido, y tal vez porque los reducidos presupuestos del estudio se le empezaban a quedar pequeños, Borzage comenzó en 1932 un deambular artístico entre la ‘Paramount’, la ‘Columbia’, la ‘Universal’ y la ‘Warner’, estudios más sofisticados, más modernos o simplemente más poderosos que pavimentaron el camino que llevó al director a firmar, ya en 1937, con el mejor estudio de la época, la ‘MGM’. Pero cada cosa en su momento. De vuelta en 1932, y siguiendo el orden de la retrospectiva del Festival, Frank dirigió ‘A Farewell To Arms’ (‘Paramount Pictures’), la primera adaptación cinematográfica del ‘Adiós a las armas’ de Hemingway, con un Gary Cooper que para entonces llevaba casi diez años como actor de primera línea. Parece ser que al novelista no le gustó en absoluto que Borzage se tomase ciertas libertades con el argumento para hacer que el soldado Frederic (Cooper) desertase no por el horror de la guerra, sino por amor a Catherine, la enfermera que le había atendido en un hospital de campaña. Tratándose de Frank Borzage, el giro romántico es tan atinado como delicadamente planteado. ‘Secrets’ (‘Pickford Company Productions’, 1933) era un remake de la versión de 1924. Esta vez fue un desastre de taquilla y ocasionó la retirada de Mary Pickford, que no había logrado hacer una transición adecuada del cine mudo al sonoro. Sin embargo, las mejores escenas de la película (que, por lo demás, sigue la línea de la de 1924) están a cargo de la Pickford, especialmente las que narran la muerte del hijo de la joven pareja protagonista de la película, al ser atacada su diligencia por bandidos. Con ‘A Man’s Castle’ (‘Columbia Pictures’, 1933), Frank vuelve a terreno conocido para crear otro de sus clásicos románticos, en el que el desempleo, la pobreza y la miseria en un poblado de chabolas que crece junto al puente de Brooklyn no afectan a un amor casi mágico que lo hace todo soportable para Bill (un Spencer Tracy todavía encasillado en papeles de tipo duro) y Trina (interpretada por Loretta Young en su etapa de agradable actriz decorativa). Y también existe controversia sobre la duración del largometraje: la versión presentada en San Sebastián era de 75 minutos, pero circulan copias de sólo 66.

Algo debía pasarle a Frank Borzage con la comercialidad de sus películas, porque como ya se está viendo, después de obtener algunos éxitos taquilleros solía dirigir alguna obra que se saliese de lo corriente y ése fue el caso de ‘No Greater Glory’ (‘Columbia Pictures’, 1934), adaptada del libro ‘The Paul Street Boys’ de Ferenc Molnar y que es una denuncia del militarismo y la guerra contada a través de las andanzas de dos pandillas de chavales de Budapest que juegan a soldados en sus horas extra escolares. Aunque obtuvo varias nominaciones y un premio para Borzage en el ‘Festival de Cine de Venecia’ de 1935, no puede decirse que ‘Hombres de mañana’ (que fue su título en castellano) destaque especialmente en la filmografía del director. No fue así con ‘What Now, Little Man’ (‘Universal Pictures’, 1934), en la que Frank Borzage volvió a su estilo romántico para relatar una historia tan real y cotidiana como es la de las estrecheces de un matrimonio en la Alemania posterior a la 1ª Guerra Mundial. Borzage tenía tan trabajado su estilo que sus mejores clásicos (como esta película) le salían sin esfuerzo. Por cierto que Margaret Sullavan hacía aquí su segunda intervención en el cine (tenía un estupendo contrato desde 1933). La actriz volvería a ser dirigida por Frank en (al menos) otras tres ocasiones, a lo largo de sus diez años de carrera.

‘Living On Velvet’ (‘Warner Brothers’, 1935) no pasa del aprobado para la crítica establecida, aunque al enviado de la ‘Zona Cine’ de ‘Pop Thing’ le gustó el romance dramático entre un acomodado aviador transtornado por un accidente (George Brent, el galán ‘para todo uso’ de la ‘Warner’) y la inevitable chica de clase alta a la que Kay Francis incorporaba con naturalidad. Por supuesto, todo acaba bien gracias a las desinteresadas gestiones de un amigo común (el elegante Warren William, un secundario de lujo) que salva los problemas y une a la pareja definitivamente. Otra puntuación muy diferente obtiene ‘Desire’ (‘Paramount Pictures’, 1936), producida por Ernst Lubitsch y que es en realidad una colaboración Borzage – Lubitsch, un sofisticado producto de lujo y romance europeo que involucra a una ladrona de joyas (Marlene Dietrich, que simboliza la vida de altos vuelos del continente) y un ingeniero – diseñador de coches de Detroit que está de vacaciones en Francia (Gary Cooper, el norteamericano poco sofisticado y práctico que no puede evitar enamorarse de la ladrona). Curiosamente, parte de la acción transcurre en un San Sebastián un tanto ficticio, eso sí. El toque Lubitsch para la comedia y el estilo Borzage para el romance dieron como resultado una película única, de manera que puede decirse que Frank Borzage alcanza su cenit creativo aquí.

Poco antes de firmar el lucrativo contrato con la ‘MGM’ al que ya nos hemos referido, Frank Borzage rodó ‘Green Light’ (1937) para la ‘Warner’ a través de la ‘Cosmopolitan Productions’ / ‘First National’. El protagonista, Erroll Flynn, quería una película seria, que no tuviese que ver con los productos de capa y espada a los que el público le asociaba. Para ello, se adaptó una novela de Lloyd. C. Douglas que narraba el sacrificio profesional de un joven cirujano que asume el error de un colega en una operación y es despedido como culpable de un hecho que no había cometido. Dedicado a partir de ahí a probar en sí mismo los efectos de varias vacunas en desarrollo, el joven Newell Paige (Flynn) sólo es socorrido y apoyado por su enamorada, la enfermera Dexter (interpretada por Anita Louise). El tono moral y religioso de la novela de Douglas, en cierto sentido no muy lejanos de las ideas que sobre la vida y el romance mantenía Borzage, no sentaron demasiado bien a la imagen de Erroll Flynn: la película obtuvo una acogida sólo aceptable (no fue un gran éxito de taquilla) y Flynn decidió volver a coger su espada para su siguiente proyecto. En cuanto a Frank, su próxima obra fue la última antes de embarcarse en su carrera en la ‘Metro Goldwyn Mayer’. Rodada también en 1937, ‘History Is Made At Night’ (‘Walter Wanger Productions’ / ‘United Artists’) sí logró el acuerdo favorable de crítica y público. Contó con la presencia de dos grandes actores, cosa nada infrecuente en las películas de Borzage: Charles Boyer y la difícil Jean Arthur, con la que resultaba muy complicado filmar, debido a su temperamento nervioso y excitable. A pesar de eso, las interpretaciones de los dos son estupendas. El guión (un tanto endeble: algunos críticos dicen que fue hecho a base de remiendos y parches) fue salvado por el romanticismo de Borzage y la radiante fotografía de Gregg Toland. La historia de una rica esposa a la fuga que se enamora de un jefe de camareros mientras es perseguida por su ex – marido sólo podía evitar caer en el melodrama ridículo en manos de Borzage. Y así fue: la película es casi magnífica (con accidente marítimo incluido).

A finales de 1937 es cuando Frank Borzage se vincula contractualmente con la ‘Metro Goldwyn Mayer’. El estudio ofrecía aún más medios y presupuestos que los que Borzage había conocido en toda su carrera, pero también funcionaba de forma diferente, al ser controlado el producto final muy de cerca por supervisores y productores. La ‘MGM’ de aquellos días trabajaba como una factoría y trataba a los directores como empleados que debían sujetarse a las decisiones de los mandos superiores. Frank nunca estuvo a su gusto en la ‘Metro’. Su estancia en el estudio sólo duró seis años y marcó el inicio del declive del director. Aunque hizo muy buenas películas para la ‘MGM’, también se le obligó a trabajar en otras que no le interesaban nada. Así, de la etapa ‘Metro’ destaca ‘Big City’ (1937, ‘MGM’), con Spencer Tracy en el papel de un honesto taxista neoyorkino que se enfrenta a las mafias que controlan las compañías de coches de alquiler y logra (con éxito) que una masa de ex – pugilistas se enfrente a los malos y, de paso, impidan la deportación de su mujer, inmigrante ilegal. Los melodramas ligeros ambientados en la ciudad se le daban bien a Borzage, no cabe duda. La ya entonces oscarizada Louise Rainer (coprotagonista del filme) aporta el glamour de ser la ‘nueva Greta Garbo’ del momento.

Aunque el mejor momento de Borzage hubiese pasado ya, su obra del periodo 1938 – 1940 es muy recomendable. ‘Mannequin’ (1938, ‘MGM’) reúne a Joan Crawford y a Spencer Tracy en un sentido melodrama de tinte social, en el que Jessy (Crawford) trata de escapar del Nueva York de barrio humilde en el que ha vivido siempre y lo logra gracias al naviero Hennessey (Tracy), después de un matrimonio fallido con el delincuente Eddie (Alan Curtis). Borzage volvió a utilizar aquí sus peculiares movimientos de cámara (con grúa incluida). ‘Three Comrades’ (1938, ‘MGM’) fue todavía mejor. La película contó con Scott Fitzgerald para adaptar la novela de Erich Maria Remarque y obtuvo una nominación al Oscar a la Mejor Actriz para Margaret Sullavan y el premio a la mejor actriz del ‘New York Film Critics Circle’. Borzage tuvo una libertad casi absoluta para adecuar el filme a sus deseos y el resultado final es excelente. De nuevo estamos ante otra película con inquietudes sociales, que sitúa la acción en la inestable Alemania posterior a la Gran Guerra. Por supuesto, el amor y la penuria es lo que une a los tres camaradas: los tres son ex – combatientes, y los tres aman a una mujer enferma.

‘The Shining Hour’ (1938, ‘MGM’) es más rutinaria, aunque algunos críticos ven en ella más de lo que realmente parece ser. Repiten en el filme la Crawford (como Olivia, bailarina de club que decide abandonar esa vida y se casa con un rico hacendado), la Sullavan (como su cuñada) y hasta Robert ‘Three Comrades’ Young (como David, marido de Judy). Por lo demás, aunque resultó bien en taquilla y fue un producto digno, la película no deja de ser un folletín que, con sus enfrentamientos familiares y las consiguientes alianzas y equilibrios, serviría de inspiración a una telenovela actual. ‘Disputed Passage’ (1939, ‘Paramount’) tampoco es especialmente destacable dentro del repertorio de Borzage. Con Dorothy Lamour como protagonista, en su año de más popularidad además, la película tuvo un gran éxito de público, pero Lamour no era entonces una gran actriz, sino una cantante con una imagen exótica que trataba de sacudirse de encima su encasillamiento. El enfrentamiento entre un joven científico y su mentor, que le desaconseja que siga a Audrey (Lamour) en su viaje a una China en guerra, no aporta mucho. ‘Strange Cargo’ (1940, ‘MGM’) es extraña. Formalmente puede pasar por un melodrama que muestra la huida de un grupo de presos de un penal colonial francés. Pero entre ellos está alguien que se asemeja a un Jesucristo vuelto a la Tierra. Y por si esto no fuese bastante, Clark Gable y (de nuevo) Joan Crawford mantienen una tórrida relación en medio de todo lo mencionado. Una extraña mezcla de la que nos gustó Peter Lorre y poco más (ni siquiera la banda sonora del oscarizado Franz Waxman nos impresionó mucho).

Seguramente porque el material de partida (una novela de la escritora Phyllis Bottome) era mucho más inspirador, ‘The Mortal Storm’ (1940, ‘MGM’) es con diferencia una película mucho mejor, en su conjunto, que las tres anteriores, y casi alcanza el nivel del mejor Borzage de finales de los 30. Con un magnífico plantel estelar (Jimmy Stewart, Margaret Sullavan, Robert Young, Frank Morgan y hasta el novato Robert Stack) e interpretaciones de alto nivel, el argumento narra el efecto de la llegada al poder de los nazis en la Alemania de 1933, mostrando las desuniones y dramas que provocó en las familias y en la sociedad de un pueblo de Bavaria y muy especialmente, en los vecinos de origen judío. El profesor Roth, de ascendencia judía, ve como su carrera se esfuma y como sus propios hijos varones apoyan al nacionalsocialismo. Freya Roth (Sullavan) hija del doctor, y Martín, su prometido (Stewart) se comportan con clarividencia y tratan de huir del país.

Con ‘Smiling Through’ (1941, ‘MGM’) y ‘Seven Sweethearts’ (1942, ‘MGM’), Borzage entró en conflicto con su estudio. Aunque Frank ya había dirigido musicales en otras fases de su carrera, no estaba interesado en rodar ninguno de estos dos y sólo lo hizo bajo la presión de los dirigentes de la ‘Metro Goldwyn Mayer’. ‘Smiling...’ era un ‘remake’ de una primera versión de 1932. La idea no funcionó en 1941, principalmente porque Jeannette McDonald (una famosa actriz – cantante) estaba ya en claro declive después de casi diez años de repetir papeles similares. En 1942, la ‘MGM’ la despidió. En cuanto a ‘Seven...’, con la debutante Kathryn Grayson, otra actriz – cantante recién descubierta por la ‘MGM’, la historia es similar: un Borzage desinteresado y otro musical al servicio de la sustituta de la expulsada McDonald. El director tuvo suficiente y dejó la ‘MGM’.

El resto de la carrera de Frank Borzage, entrados ya en los años 40, no tiene el interés ni el relieve artístico de su mejor época. ‘His Butler’s Sister’ (1943, ‘Universal Pictures’) es, extrañamente, otro musical anodino con trazos de comedia, en la que Deanna Durbin aporta la chispa. ‘Till We Meet Again’ (1944, ‘Paramount Pictures’) es una correcta película bélica ambientada en las vísperas del desembarco de Normandía, con Ray Milland en el papel de piloto derribado que porta una información trascendental y Barbara Britton en el de monja que ayuda al joven militar a cruzar la Francia ocupada y llegar a Gran Bretaña. ‘Spanish Main’ (1945, ‘RKO Pictures’) implicó otro bandazo de Borzage en términos de género, lo que confirma su pérdida de momento artístico: esta vez filmó una entretenida película de piratas que poco o nada tenía que ver con su estilo. Sin embargo, es un placer ver a Paul Henreid y a Maureen O’Hara interpretando a la pareja protagonista. ‘I’ve Always Loved You’ (1946, ‘Republic Pictures’) vuelve al camino del drama romántico, ambientado en el mundo de los intérpretes de música clásica. Sin embargo, la ‘Republic’, aunque en ascenso, no era un gran estudio como la ‘MGM’ o los demás y mostraba todavía una clara tendencia a producir películas baratas y hechas a toda prisa. La obra de Borzage ha perdido tanto peso específico que, a estas alturas de su carrera, parece que lo más destacable es su utilización del color, cuando puede permitirse el lujo de usarlo. ‘Moonrise’ (1948), aparentemente filmada para la ‘Republic’ y nominada a un Oscar al Mejor Sonido, es otro producto menor en clave dramática en el que sólo sobresalen la malograda Gail Russell y ciertas novedosas técnicas de filmado que, para ser sinceros, Borzage ya había utilizado antes.

Para cuando llegan ‘China Doll’ (1958, Frank Borzage Productions’) y ‘The Big Fisherman’ (1959, ‘Walt Disney Productions’), Frank Borzage era una vieja gloria semi – retirada del cine que había conseguido el respeto de críticos y de jóvenes generaciones de cineastas. ‘China Doll’, una historia de amor y guerra con Victor Mature como actor principal, es tan floja que lo único mencionable es que Borzage la dirigió. En cuanto a ‘The Big Fisherman’, un filme religioso sobre la vida de San Pedro, con aires de superproducción, se puede decir que es un digno final a una carrera tan extensa como plena de éxitos. La película logró tres nominaciones al Oscar (Vestuario, Cinematografía y Dirección Artística) y se sigue con interés.

En todo caso, el regreso de maestro fue breve: alejado otra vez del cine, murió en 1962, dejando tras de sí un asombroso legado. La 49 edición del ‘Festival de Cine de San Sebastián’ nos ha permitido revisarlo en profundidad, gracias a esta retrospectiva extensa y rigurosa. Frank Borzage, el director sensible y delicado que creyó en el amor como fuerza superior a la vida misma, vuelve a estar entre todos los que queremos al cine.

Escrito por Equipo de Pop Thing el 9 de Mayo de 2005 · 09:00 AM

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